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Tú serás la señora de la parroquia; el acoso del vicario de Acala

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El presunto cura acosador.
  • Gabriela denuncia el acoso sexual al que ha sido objeto por parte del vicario de la parroquia de San Pablo Apóstol, en el municipio de Acala; lamenta que la Iglesia no investigue el caso
  • Pasó algo entre tú y él o sólo quedó en eso, fue la pregunta que de entrada le hizo el arzobispo a la víctima cuando ésta acudió a la Curia a presentar por escrito su querella contra el vicario de la iglesia de Acala

Benjamín Avendaño / Sinfuero.com.mx

 

Los jerarcas de la iglesia católica se empeñan en enturbiar cada día el cuestionado accionar de sus sacerdotes. Se aventuran en desmentir historias de acoso o abuso sexual en contra de los padres que están al servicio de Dios y de la comunidad.

Las denuncias en pleno siglo XXI continúan. Hace apenas unos meses, sinfuero.com.mx dio a conocer la historia gris del padre Fortunato “N”, originario de Ácala, quien a raíz de la denuncia pública fue suspendido de la parroquia del municipio de Reforma; hasta dicho lugar fue enviado “castigado” tras el escándalo que había protagonizado en Real del Bosque, fraccionamiento donde estaba comisionado por la iglesia, en la capital Tuxtla Gutiérrez. Está denunciado de no hacerse cargo por la ley civil de sus dos hijos, pero por su “condición” de párroco no ha querido registrarlos con sus apellidos, mucho menos renunciar a sus votos para afrontar ésta situación.

 

La misión eclesiástica no es su fuerte

Hoy la historia se repite. Otro cura, éste originario de Bochil, está a cargo de la parroquia de Ácala, municipio donde todo el pueblo habla de él; unos a favor otros en contra. Lo conocen por sus dotes de gigolo, de utilizar la sotana y los actos de confesión de los feligreses para “atrapar” o “acorralar” a sus víctimas hasta que caen en sus manos.

El padre José Luis “N”, vicario, rompe las barreras del “confesionario”. Al contrario, “es abierto” y sus frases suplicantes de amor –cuya prueba electrónica está en poder de éste medio de comunicación–, dejan al descubierto que su misión eclesiástica no es su fuerte.

 

La nueva historia

La señora Gabriela (su nombre real se reserva para cuidar su integridad) acudió en junio de 2017 a confesarse con el padre José Luis. Le contó en secreto de confesión sus penas, sus problemas que tenía con su esposo y sus apuros económicos.

Allegada a la parroquia, la señora se encontró 15 días después al cura quien la saludó y la invitó a su oficina para platicar. Se centró en la deuda que ella tenía y se ofreció a prestarle una fuerte cantidad de dinero con la condición de que nadie supiera del préstamo, mucho menos que se lo fuera a decir a su esposo.

A partir de ahí, los encuentros del padre fueron constantes, nada casuales. La buscaba para platicar. Al principio, Gabriela, fue siempre atenta pero cuando se percató que el vicario se empezó a salir de lo que empezó a ser una conversación sana, sin malicia, puso sus barreras.

Sin embargo, el asecho, narra la víctima, empezó a subir de tono. Los menajes o llamadas eran constantes. Esto no es normal, dijo Gabriela y le contó a su esposo la situación. Ambos coincidieron en que algo estaba pasando.

¿Padre, cuál es su interés, por qué actúa de esta manera?, dice Gabriela que le cuestionó al vicario y este se soltó, sin prejuicios:

“Deja de verme como lo que soy, fíjate en mí; me gustas…quiero que seas mi mujer”.

A ello, la señora reconoce que se extralimitó al responder y lo mandó “a la chingada”, “déjame en paz, lo que dije en confesión no tienes porqué utilizarlo para extorsionarme; lo que debo lo pagaré”, le respondió y enseguida le bloqueo llamadas y mensajes.

Pasado el tiempo, el vicario no se desanimó en su empeño y la iba a buscar a su casa, el acoso era tal que la víctima se vio obligada a cerrar la puerta de su hogar. En los pueblos aún es tradición que las puertas de las casas estén abiertas, sin seguros.

 

Se acabó la paz en la familia

La situación empeoró. El esposo tuvo que intervenir y buscó al vicario. Le reclamó su accionar. Éste dijo que no era cierto, al contrario, encaró al marido y le dijo que la señora era la que lo buscaba, la que lo estaba acosando. Le enseñó una supuesta carta que la señora Gabriela le había enviado y donde ella le decía que lo quería. El documento no iba firmado. No es letra de mi mujer, respondió el marido. El colofón a éste encuentro fue directo por parte del sacerdote: “háganle como quieran, nadie les va a creer. Es su palabra contra la mía, ni en la Curia los van a atender”.

Y en efecto, cuenta el esposo, el padre se encargó de difundir que mi esposa era la que lo acosaba. El famoso vicario acabó con la paz de esta familia, se lamenta la pareja sentimental de la señora Gabriela.

Otra dama en cuestión, religiosa de la parroquia de este municipio, fue también presa del hostigamiento del sacerdote. Las pruebas, también en Sinfuero.com.mx, pero esa es otra historia.

 

La queja ante la Arquidiócesis…y el cinismo

Ante el cinismo del padre, cuenta la señora Gabriela, acudió a la Curia para buscar al arzobispo Fabio Martínez Castilla y denunciar el acoso sexual del vicario. La atendió el vicario José Luis Aguilera. Dijo que su querella la haría llegar al encargado de la arquidiócesis. Durante su encuentro con el arzobispo, éste lo primero que le dijo fue que le contara que estaba pasando. La víctima narraba todo cuando de repente don Fabio Martínez la encrespó: “a ver, pasó algo más allá entre tú y él o sólo se quedó en eso… porque si no sucedió no es grave”.

Hay mujeres, le continuó diciendo el arzobispo, que acosan a los sacerdotes. Yo mismo sufrí el acoso siendo más joven.

Una bofetada hubiese sido mejor y no esta humillante postura, lamenta la señora Gabriela.

Dijo que el representante de la iglesia católica le confió que no iba a remover de la iglesia de Acala al vicario “José Luis”. Ya no te va a molestar, hablaré con él. Incluso, le comentó, lo voy a sanar para de inmediato soltarle de golpe una interrogante:

¿Quieres que lo cure o quieres que lo mate? El silencio enmudeció el recinto, la señora quedó perpleja, muda. No supo ni que contestar y lo que sintió, dijo, fue como si una puñalada hubiese sentido en su espalda.

Y efectivamente, el jerarca de la iglesia no llamó la atención del vicario ni mucho menos lo removió o investigó los hechos. Todo quedó peor, se lamenta Gabriela.

El vocho rojo

En los pasillos de mercado se comenta que el propio vicario enseñaba a una joven monaguilla a manejar en un vocho rojo pero éste quedó para el servicio del taller luego de que fuera chocado.

En la denuncia por escrito que la señora entregó a la Curia se resalta cómo una empleada de un hotel cercano al 20 de Noviembre, certificaba cómo había visto al vicario ingresar con una dama de compañía en varias ocasiones. En este viacrucis también destaca el haber puesto una demanda penal contra la «cocinera”, una de las personas que ayudaban al padre Lucio “N”, quien por cierto fue removido de la parroquia San Pablo Apóstol.

Para Gabriela, ésta grave situación ha dejado en estado de indefensión tanto a ella como a su familia. No hay paz, no hay tranquilidad; temo por la seguridad e integridad de mis hijos; meterse con el poder de la Iglesia no es cosa seria. Por ello, la frase lapidaria que dijo el vicario José Luis contra Gabriela pone a temblar a más de uno si no hay justicia divina en este caso: “tú serás la señora de la parroquia”.

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