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PÚBLICO Y PRIVADO/El trapecista

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EL TRAPECISTA

ÉDGAR HERNÁNDEZ RAMÍREZ

Para el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, las elecciones no son ese acto fundamental de la democracia en el que el ciudadano, en secreto y libre de presiones, decide elegir a sus gobernantes y representantes populares; no son ese instante en el que el votante al introducir el sufragio en las urnas, deposita su confianza y avala un sistema político que –pese a sus deficiencias– considera la vía pacífica para delegar el poder; no son ese ritual en el que el campesino, el obrero, el desempleado, el estudiante, el profesionista, el pequeño empresario, el empleado, la mujer, el hombre, la ciudadanía toda, marca las boletas y al hacerlo manda un mensaje de esperanza por un país, un estado, una ciudad, un pueblo y una vida mejor.

No. Para Manuel Velasco las elecciones son un simple trámite, un procedimiento carente de significado al cual se le puede coaccionar, comprar o manipular; los comicios son para él no el sistema de representación popular sino el medio para llegar al poder a costa de lo que sea; más que la expresión de voluntad ciudadana, las votaciones son sólo números fríos que se traducen en curules, alcaldías o gubernaturas despojadas de contenido político-social.

Él, que ganó las elecciones del 2012 con casi 60 por ciento de los votos, no le importó despilfarrar su capital político en un gobierno ineficiente, frívolo y avasallador. Su objetivo nunca fue mejorar la situación del estado sino depredar los recursos públicos para construir proyectos unipersonales y de grupo. Sustituyó la política social con programas asistencialistas para crear una clientela electoral y ofrecerla como moneda de cambio para acumular poder y negociar respaldo político e impunidad.

Su partido, el Verde Ecologista, casi perdió el registro pero él con triquiñuelas logró colocarse –un día antes de la elección­– como candidato plurinominal al Senado. En Chiapas pervirtió y desestabilizó el proceso electoral en aras de colocar en la boleta a su sucesor. También usurpó las circunscripciones indígenas para colocar como candidatos a diputados federales a integrantes de su círculo cercano.

Lejos quedó el guajiro y costoso sueño de postularse a la Presidencia de la República. En la decadencia de su mandato, lo persigue la sospecha de corrupción. No pasará a la historia como uno de los mejores gobernadores de la historia, sino como un alquimista con grandes dotes para andar en las cañerías electorales. Chiapas necesitaba un gobernante de grandes dimensiones, pero sólo tuvo un trapecista político.

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