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“Morena está construyendo un muro y se van a quedar encerrados en esas paredes”: Carlos Mendoza

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Pie de Página

CIUDAD DE MÉXICO. -Son tiempos convulsos, y no es para menos, pues desde hace 5 años en el país irrumpió un proyecto político que prometía cambiarlo todo: la Cuarta Transformación.

Su arribo al aparato del Estado significó, de muchas maneras, un cambio en la correlación de fuerzas de la élite política en el país. Y también, de las formas y los estilos de gobernar marcadas por el dirigente histórico de la izquierda institucional, y ahora presidente de la República: Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, a unos meses de que este proyecto sea ratificado, o rechazado en las urnas, las dudas sobre la ruta que ha seguido para transformar al país están al aire, y también su ambiciosa misión: ser la esperanza de México.

De estos cambios, un testigo de primera mano es Carlos Mendoza Aupetit, documentalista y director de uno de los medios independientes que desde 1989 ha mirado críticamente al poder, y tal vez, lo ha narrado como pocos lo han hecho: el Canal 6 de Julio.

Sentado en el comedor del Canal, Carlos Mendoza habla de su más reciente proyecto, provocador, como siempre: Morena ¿la esperanza de México? Un documental necesario para revisar el camino andado, y todo lo que ha quedado atrás.

La entrevista inicia, paradójicamente, con la última pregunta.

—En una oración, ¿qué objetivo tienes con este nuevo documental?

—La revolución de las conciencias— contesta Carlos con una sonrisa irónica después de un largo silencio.

El Canal 6 de Julio ha vuelto a hablar, y sus respuestas van a incomodar a más de uno.

36 años de neoliberalismo
El Canal 6 de Julio se funda en 1989, después del fraude electoral que llevó a Carlos Salinas de Gortari a la presidencia. El primer título marcaría la posición del canal en la historia de México: ¡Que renuncie!

Desde ese momento, Carlos Mendoza y su equipo de documentalistas, editores y sonidistas comenzaron a narrar un país que entraba de lleno al neoliberalismo.

Muchas cosas ha cambiado desde entonces. De entrada, los presidentes.

—Del 89 a hoy ¿qué marcó cada sexenio, y por qué decir que López Obrador es diferente?

—Salinas levantó un castillo de naipes que se le vino abajo en la transición al gobierno de Zedillo con el llamado error de diciembre. Había sido muy hábil par remontar su ilegitimidad, su carácter de presidente espurio. Había sido muy cabrón, muy represor, muy autoritario, pero muy hábil para manejar los hilos del poder. Logró legitimar su presencia, cierta popularidad, reconocimiento, pero se le cayó el teatro. Y se le cayó dramáticamente porque se volvió el innombrable.

“Zedillo yo creo que fue el mátalas callando. Parecía que no rompía un plato. Hay dos momentos que marcan su gobierno: uno es el Fobaproa, y otro Acteal. Sin embargo, tengo la impresión de que en el momento él consigue capotearlo.

“Fox fue un globo que se desinfló desde los primeros meses. Fue demasiado osado para quienes lo impulsaron pensar que una persona con esas características podría, por lo menos flotar, como un mandatario que te pudieras tomar en serio. Eso fue un disparate total. Él no tiene tanto un momento, sino que se fue disolviendo en el día a día. En el disparate, la ocurrencia, opacado por la patética figura de Martita o Gil Díaz.

“Calderón, como presidente, nació con un estigma grandísimo. Luego empeoró las cosas con su famosa guerra que le regalaron o impusieron los gringos. Creo que Calderón pasa a la historia de una manera desastrosa, parecida a la de Salinas.

“Peña es una síntesis de todos los anteriores. Un tipo desatinado, que no tenía idea de nada. Un muñeco mediático al que le tocó pagar la cuenta, porque cuando llega él hay un acumulado de desastres que había legado el neoliberalismo, entre ellas la representación del poder tan deficiente y desastrosa. Se parecía a Fox en muchas cosas, a Salinas en lo autoritario.

“López Obrador tiene un signo completamente distinto. Obviamente hay muchas reminiscencias del priísmo, del nacionalismo revolucionario. De pronto recuerda bastante a Luis Echeverría, pero sí es un fenómeno distinto.

“Es muy singular López Obrador, en sus cualidades y en sus facetas más o menos oscuras. Es un gobierno súper personal, con un estilo que va a hacer que cuando él se vaya desaparezcan prácticas que sólo él puede hacer. Un gobierno con los riesgos que tiene la concentración de popularidad, de poder, en una sola persona. Esto la izquierda ya lo debería saber, porque los liderazgos aquí son muy personalizados, caudillistas. Esto, que es muy latinoamericano, no solo mexicano, tiene muchas ventajas, pero enormes inconvenientes”.

Morena: ¿El instrumento para la transformación?

Desde una visión que no es única en el espectro de la izquierda, el partido Morena fue construido con la misión de ser un instrumento de lucha política de la izquierda electoral para tomar el poder. El mismo objetivo que su antecesor, el PRD.

Lo lograron, pero ¿a costa de qué? El balance de Carlos Mendoza es duro: con base en sacrificios y abandono de principios.

—¿Qué se ha transformado en la izquierda institucional con la Cuarta Transformación?

—Yo veo un comportamiento político mutante. Como diría el científico: según el sapo, la pedrada. Cuando ellos consideran que las circunstancias se los exigen, se corren a la derecha, o a la izquierda. Hay temas que se les indigestan, hay de pronto alianzas que dejan sin aliento, y que provocan muchas dudas.

«La aventura del poder, del gobernar, yo entiendo que no es fácil. Hoy vemos a un López Obrador con una pericia y una serie de cualidades muy notables, pero también con contradicciones que son muy notorias, y que a veces hacen el proyecto un poco incomprensible porque terminas viendo esas contradicciones con mucha más celeridad que cuando se aliaban hace unos años con gente del PRI. Ahora, de pronto hay algunas decisiones que son preocupantes».

—Entonces, respondiendo a lo que planteas en el documental: ¿Morena es, o no es, la esperanza de México?

—Yo creo que es muy preocupante lo que estamos viendo. Al parecer ponen un paraguas para justificar cosas, paraguas que han llamado Plan C, y con eso estas pulsiones del stalinismo de que el fin justifica los medios.

“¿Qué va a pasar en el partido? Algo que se dice en algún momento del documental es que si no se están canjeando principios por votos. Es una especie de largo estriptis donde se van desprendiendo de estorbos ideológicos, de estorbos de convicciones y principios con tal de garantizar una votación alta y acelerar la erosión del proyecto”.

«Si somos estrictos, rigurosos, los avances que ha tenido el gobierno de López Obrador en su anunciada cara a cara con el neoliberalismo son casi nulos. Como dice Fernando Buen Abad en el documental: no le ha quitado un pelo al neoliberalismo, y tampoco creo que sea fácil. Eso quiere decir que se necesita tiempo para que esto avance. Tiempo para ver en qué medida cambian la correlación de fuerzas nacional y los actores geopolíticos. Entonces, si no estás mirando en el largo plazo un proyecto que se legitime en el poder, que sea capaz de renovarse y seguir ganando la aceptación de la gente, pues esto corre el riesgo de ser una aventura fugaz, superficial hasta cierto punto, de convertirse en una anécdota, y con ello, la preocupación tan grande que nos tiene que infundir estas nuevas expresiones de la derecha.

«La derecha sí está viendo cómo reinventarse, cómo renovarse. Aunque no nos guste, hay que reconocer que ellos están encontrando el camino. La derecha está aceptando el matrimonio igualitario, el peso de la ecología. En cambio, el progresismo latinoamericano está tieso, como que han perdido la actitud antisolemne, la rebeldía, y eso no es cualquier cosa.

«A la luz de eso, es muy preocupante que parezca que Morena está viendo hasta el año 2030, y ahí se acaba el asunto. Pareciera que así lo están pensando. ¿Nos llenamos de priístas y qué va a pasar? ¿Nos llenamos de panistas y qué va a pasar? ¿Van a gobernar los priístas como si fueran del PT brasileño, o como priístas? ¿Van a gobernar los panistas como Podemos, o como el PAN?».

Los fantasmas de la derecha y los Estados Unidos

Entre los riesgos de un partido que sucumbe a sus contradicciones, también está algo en ciernes que no ha dejado de crecer: la contraofensiva de la derecha.

Su función, históricamente, ha sido subordinarse a los Estados Unidos para asegurar el dominio neocolonial en nuestro territorio. Esto, Carlos Mendoza lo sabe bien, pues un tema recurrente en sus documentales ha sido la injerencia norteamericana en México.

—Hablas de la correlación de fuerzas y el reacomodo geopolítico, y en muchos de tus documentales has tratado la dependencia neocolonial con los Estados Unidos. ¿Este gobierno de verdad plantea una ruptura con eso? ¿Ahí está la clave de virar a la izquierda el proyecto?

—Yo creo que ha habido aspectos de un discurso soberanista que está bien. En la practica ha habido aspectos de esa relación que ha sido muy complicada, y que ahí, para que veas, yo creo que rebasa las posibilidades del gobierno. El tema migratorio, por ejemplo, es complicadísimo.

«Sin embargo, sí creo que hay que aguantar lo más que se pueda a ver cómo se reacomoda la correlación de fuerzas a nivel global porque pertenecemos a la zona de influencia de Estados Unidos, que todavía es reconocida, y cada vez más cuestionada por las otras fuerzas mundiales.

«Luchar contra esto solos, no sé si podamos, y menos todavía si no organizas a la gente, que es una de las críticas fundamentales a la actual administración del presidente. La historia nos está enseñando que los gobiernos que han logrado resistir mejor la erosión y los ataques de la derecha son los que tienen una organización popular profunda: poder popular».

«Parece que Claudia dijo en su cierre de precampaña que Morena es el movimiento político social más grande del mundo. No sé si lo sea, pero cómo vas a comparar la solidez de la izquierda boliviana que logra revertir un golpe. Con todo lo que se quiera decir de Venezuela, de Cuba, esos han aguantado porque están organizados, porque la gente tiene poder. Los Estados Unidos saben que no se pueden meter impunemente. Desde mi punto de vista, también le tienes que enseñar más las uñas y los dientes al vecino que es muy gandalla.

«La situación de México es particular, pero me parece que no hay ningún intento de fondo por plantear las cosas de una nueva manera. Hay una habilidad para capotear, y además hay ramificaciones de los Estados Unidos en México que no están bien aquilatadas. Por ejemplo, la larga relación del ejército y la marina con ellos, y que adentro de esas filas hay gente que sigue en eso».

—Golpe de Estado ¿Qué posibilidades hay de que la derecha recurra a esta vieja táctica hoy en día?

—La derecha no tiene escrúpulos. Si algo hemos aprendido en estos años es que su disfraz de demócrata era de papel de china, y tienen una vocación gandalla, golpista, y quiere recuperar al poder. También, tienen a las agencias, el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, que por un lado es muy amigo de López Obrador, y por el otro andan financiando a Claudio X González.

«En Morena el riesgo de la erosión, el desgaste, son inevitables. Es muy difícil renovarse, sobre todo cuando no te lo planteas como una tarea necesaria. Ese es un factor.

«Y también hay que decirlo: la derecha tiene muchos recursos, muchos expertos. Ellos voltean más a sus propias experiencias, las procesan mejor que nosotros. Hay cosas que le han pasado a los gobiernos progresistas de Sudamérica y no las pelamos. Ellos no. La derecha tiene muchos recursos, mucha gente trabajando en eso».

«Además, es natural que empiece a haber una erosión, un desgaste, que la gente se empiece a inconformar, y más si a esto le agregas un montón de priístas ahí. Pareciera que la idea es hacer un nuevo PRI, con las mismas bases, un PRI/gobierno».

—Y además parece que hay un distanciamiento de Morena con la izquierda no electoral…

—Ese yo creo que era hasta cierto punto inevitable. Son dos visiones que chocan, y hay, hasta cierto punto, cuentas pendientes. Lo que está haciendo muy mal Morena es no crear puntos de encuentro. Pero hay una soberbia en Morena de decir que si no estás con nosotros estás en contra. Además hay momentos de López Obrador que han sido terribles, como decirles a los movimientos del Frente de Pueblos de Morelos, Puebla y Tlaxcala radicales de izquierda, y por ende conservadores, está muy mal, porque él fue y les prometió, y ahora los regaña. O los ataques al Centro Pro, que siempre han estado ahí.

«Hay un sectarismo muy acelerado. Y eso se dice en el documental. Lo dice Arturo Cano, que los conoce muy bien: el presidente no confía en la izquierda, confía en los priístas. Siempre ha visto a la izquierda histórica con cierta desconfianza, porque es crítica, porque hay una cultura que es diferente. De ahí viene una mala relación.

«Creo que en Morena, en vez de abrir espacios para el diálogo y para el debate, están construyendo un muro, y se van a quedar encerrados en esas paredes».

No es fácil ser una voz crítica, pero nunca de derecha
Como muchos medios de comunicación, el Canal 6 de Julio atraviesa una crisis ética al mantener su independencia del gobierno, aunque compartan algunas visiones con éste.

Además, el avance de la tecnología y la modificación de las formas de consumo de las audiencias han hecho que productos, como el documental, estén en una situación que pone en riesgo el sostenimiento de medios libres.

La experiencia del Canal 6 de Julio, sin embargo, puede ser un faro ético para los medios, y también para las audiencias.

—¿Qué es el Canal 6 de Julio? ¿Una casa productora, un medio de comunicación?

—Es un medio sui generis, bastante marginal. Creo que nunca vamos a perder ese rango. Al mismo tiempo es una productora que ya tiene una costumbre de salir en cierto momento, con ciertos trabajos, que se mueve en un nicho muy determinado. Ahora estamos en un periodo de cambios que nos ha costado mucho trabajo, y no estamos con la tranquilidad, con el dominio de la escena con el que podríamos haber estado hasta la primera década de este siglo. Ahora nos ve menos gente, y algunos de los que nos ven se desconciertan.

—¿Qué se rompió? ¿Una brecha generacional?

—No sé si sea del todo una brecha generacional. O sea, es generacional en medida de que las nuevas generaciones están más pegadas al celular que al dvd. Antes aceptaban más el documental. Creo que esto es una crisis que está teniendo el documental en general, no solo nosotros.

—¿Qué impactos ha tenido en el canal la revolución tecnológica?

—No hemos podido asentarnos como quisiéramos en estas nuevas circunstancias. Hay un primer factor: pasamos de ser prácticamente la única oposición audiovisual durante muchos años, y ahora hay muchos. Luego las redes, o el internet, son muy problemáticas para nosotros porque habíamos conseguido un equilibrio comercial, mecanismos de recuperación bastantes eficientes y estables después del alzamiento en Chiapas, porque entramos vendiendo copias en librerías. Por ahí siempre había una recuperación estable. El internet está siendo muy complicado para nosotros, porque la gente no tiene la costumbre, como en otros países, de comprar en línea, y luego porque resulta muy caro, en relación a lo que cuesta una renta mensual en una plataforma.

Otra desventaja es que nosotros no estamos siguiendo la coyuntura, y hay muchos medios que sí la siguen, y la siguen muy bien. Entonces nosotros salimos con un documental sobre el INE cuando tiene tres meses que pasó lo álgido de la bronca con el INE. Claro, ofrecemos otra visión, otro discurso, pero de todas formas la gente dice ‘eso ya pasó’. Esa relativa lentitud, pues nos hace salirnos un poco del ritmo frenético que trae la vida política, la batalla de la comunicación.

La otra desventaja es de índole cultural, de esta moda de lo inmediato y lo fugaz. De la ligereza, como dice Lipovetski. La gente se está desacostumbrando a ver este tipo de discursos, y nosotros estamos siendo fieles al modo de expresión que habíamos elegido porque creemos que el documental te da modos de expresión que no te dan otras cosas, pero es difícil. Claro que hay un público, pero ese público no es cuantioso o abundante, sobre todo entre los jóvenes.

—¿Por qué no transitar a otras plataformas de renta online?

—Porque la independencia cuesta mucho. Ya lo hemos intentado. Tuvimos durante mucho tiempo trabajos en Amazon Prime. Intentamos ir a otras plataformas, y nos dijeron que respetan nuestro trabajo, pero no es lo que ellos buscan. Nos propusieron que si teníamos proyectos que ellos podían acompañar se los compartiéramos, pero eso de acompañar es un eufemismo, porque de pronto la estrategia del documental se convierte, al mismo tiempo, en una estrategia mercantil y distorsionan las fuentes.

— ¿Cómo contar el pasado manteniendo la dignidad y la ética, pero también atractivamente para que la gente lo vea?

— Ahí está el chiste. Nosotros en realidad no batallamos con eso, porque a la gente, en general, durante mucho tiempo le pareció bien cómo abordábamos el asunto.

“No teníamos nominaciones al Óscar, pero sí teníamos algo parecido: los vagoneros vendiendo algunos documentales nuestros, y los presentaban como nosotros no lo podíamos haber hecho. Los pregonaban de una manera tan precisa, tan exacta”.

“Que nuestro trabajo guste no nos preocupa tanto, pero sí llegar a la gente, y más en un contexto de polarización. Ahorita mucha gente no entiende por qué el Canal 6 de Julio está criticando. Dicen que ahora estamos con lo que realmente buscábamos por mucho tiempo, pero esto no es lo que nosotros buscábamos. Nosotros no nos vamos a plegar a aplaudir ciegamente al gobierno, aunque tal vez sí nos iría mejor, pero no estaríamos haciendo lo que creo que estamos obligados”.

—¿Por qué es importante mantener esta independencia?

—El periodo que va entre la fundación del Canal y el triunfo de López Obrador era un trabajo que sí se convertía, prácticamente, en una lucha, a veces más o menos civilizada, pero a veces no.

“En esos tiempos no había duda: durante mucho tiempo fuimos el único medio audiovisual que cuestionaba a lo que ahora conocemos como el PRIAN, o estos gobiernos neoliberales”.

“El asunto se vuelve más complejo cuando gana Morena, que es una expresión política de izquierda, o pensada e identificada por muchos como de izquierda. Morena enfrentaba el reto de gobernar un país con las consecuencias del neoliberalismo en muchas partes. Sabíamos que iba a ser complejo, y tomar una postura frente a esto ha sido un poco difícil.

«Lo que vimos, en principio, fueron muchas expresiones de total adhesión al proyecto, de visiones acríticas, en algunos casos francamente porristas, matraqueros. Entonces, tomarle la medida a lo que nosotros denominamos un apoyo crítico no fue sencillo. Nosotros claro que apoyamos a este gobierno, sobre todo si los comparamos con los anteriores, con sus antagonistas, pero ¿en qué medida criticar? ¿en qué medida señalar cosas? Es algo que hemos tratado de calibrar desde que empezó el sexenio. Esto ha sido complicado. Ha sido complicada la definición de temas al interior del canal.

“No queremos distinguirnos por ser los críticos más exacerbados, pero tampoco queremos pasar por alto muchas cosas, porque si una cosa hemos aprendido es que un documental alguien lo va a estar viendo en 10 años, y si te equivocas es riesgoso. Nosotros trabajamos para la memoria”.

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