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Menonitas en México: una vida detenida en el tiempo

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DW

La comunidad menonita El Sabinal se fundó hace 30 años en el árido desierto del norte de México. La gente vive una vida sencilla, sin tecnología moderna, pero con mucho trabajo y una fe profunda.

Agricultura y fe

La comunidad menonita del estado de Chihuahua puede remontar sus raíces hasta un siglo atrás. Los primeros colonos hicieron hincapié en la calidad de las tierras de cultivo, el aislamiento del mundo exterior y la conservación de su religión. Estas tradiciones continúan hasta hoy. La comunidad vive del cultivo de maíz, chile (ají), algodón y cebollas.

Tareas a temprana edad

En la foto aparece una niña sentada en un tractor en Buenos Aires (Chihuahua). Pero este asentamiento menonita en México no tiene nada que ver con la capital de Argentina. Los menonitas suelen terminar la escuela a los doce años. Por ello, no es raro que los niños ayuden a trabajar en el campo a partir de esa edad, conduzcan tractores o lleven el arado por los polvorientos caminos.

Víctimas del cambio climático

La creciente sequía en el país ha dificultado la vida de los menonitas a lo largo de los años. El caballo que aparece en la foto murió a causa de la sequía extrema y yace en el suelo estéril de la localidad de Ascensión. El agua de los pozos es escasa, y hay que bombearla con la ayuda de generadores diésel. Un proceso cada vez más costoso, y además poco amigable con el medio ambiente.

Familia numerosa

Los menonitas de México son descendientes de inmigrantes alemanes y suizos. Tradicionalmente, las familias tienen numerosos hijos. Muchos agricultores dicen tener más de 10 hijos. Mientras los hombres se ocupan principalmente de la agricultura, las mujeres se encargan de los niños, el hogar, el ganado y los huertos.

La tecnología llama a la puerta

Mantener el aislamiento entre los menonitas no suele ser fácil en los tiempos modernos. También aquí la tecnología está siendo introducida en la vida cotidiana. Rodeada de sus hermanas Ana, Elena, Catalina y Margarita, la joven Agatha mira su smartphone. Sus contactos se limitan a otros menonitas y a los lugareños a los que conoce mientras hace la compra en el pueblo más cercano, por ejemplo.

Estrictamente separados

Al igual que los hombres y las mujeres se sientan por separado en las iglesias los domingos, las niñas y los niños se sientan de igual manera en el aula de la escuela. Las lecciones son predominantemente religiosas. Desde escuelas hasta tiendas de cualquier tipo, los menonitas han construido casi todo lo que necesitan para sí mismos dentro de los límites de sus propias comunidades.

Hora del juego y la recreación

Después de la escuela y el trabajo, los niños de la comunidad menonita suelen tener tiempo para jugar. Tienen que prescindir de los juegos de computadora. En cambio, sigue habiendo cometas hechas a mano, juguetes de madera, estructuras para trepar, columpios y muchos hermanos y amigos con los que divertirse.

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