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‘La Tigresa’ vuelve al Fru-Fru para festejar un año más de vida

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El Siglo de Torreón

Irma Serrano volvió a la escena. Enfundada en un traje dorado y un abrigo de piel, con el cabello negrísimo y la ceja delineada con el cuidado de una artista, la exsenadora festejó un cumpleaños más en el teatro Fru-Fru.

Este es un espacio al que «La Tigresa» devolvió la vida con su reinauguración. Casi 45 años después, la exdiva vuelve a subir a sus tablas para una fiesta, su cumpleaños.

«¿Que cuántos años tengo? No llevo la cuenta ni para mí misma», responde con vanidad. Se le vio feliz, rodeada de recuerdos y lejos de la clase política. Hace más de dos décadas, la empresaria teatral, cantante y actriz obtuvo su escaño para las 57 y 58 Legislaturas del Senado por primera minoría, en Chiapas.

Ha sido siempre una mujer política, pero hoy, asegura, ya no cree en nada, ni en el Presidente ni en la Cuarta Transformación, o al menos eso contesta cuando se le pregunta su opinión del Gobierno Federal. «¿Qué voy a creer? Yo no creo nada. ¿Por qué? Porque no. No sea preguntona», reclama.

Son cuatro las imágenes que dan la bienvenida a Irma Serrano en su regreso al Fru-Fru: una con el poeta Salvador Novo; otra de cuando tenía 17 años y posó para el maestro muralista Diego Rivera, y dos más con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Una de éstas es del cierre de campaña en Comitán, Chiapas, en 2018, y la otra es de un encuentro que se ve casual en la calle. «Todo fue bonito y hermoso», dice al ver otra vez el teatro en su cumpleaños, rodeada de amigos de antaño, como el estilista y locutor Alfredo Palacios, la cantante Laura León y la actriz María Victoria, sin políticos relevantes.

A esta mujer sus amigos la describen como mal hablada, espectacular, fuera de serie, que impactaba por su belleza y su carácter indomable. Su palabra favorita, chingar, la soltaba a la menor provocación como molestar, como hartazgo, como remate para terminar una conversación.

«(Irma Serrano es) una persona que nunca tuvo tapujos ni miedos… (Y los que tenía) los sabía controlar muy bien. Siempre fue muy inteligente y se forjó el camino sola. Hace 70 años vino a la capital desde provincia (Chiapas). Cuando fue política, nunca se doblegó; en su campaña hubo intentos del PRI más rudo y autoritario. Ella nunca bajó la guardia. Peleó por lo que creía», cuenta su sobrino Luis Felipe Morales.

La primera vez que Irma Serrano ocupó un cargo público fue como diputada federal del PRI; después, por el PRD, pudo convertirse en senadora por Chiapas.

Al llegar al teatro Fru-Fru, se percibe la sensación de glorias de otros tiempos, cuando en sus pasillos se fotografiaban personajes como El Santo, «Tin Tán», «El Loco» Valdés, Verónica Castro y Rocío Dúrcal.

En el centro de ellos está Irma Consuelo Serrano Castro Domínguez, nacida en Comitán, Chiapas, el 9 de diciembre de 1933, según dice su biografía. Para sus amigos y para su público es «La Tigresa».

Hoy lo que queda del oropel de antaño son tres esculturas doradas que reciben a los visitantes en una representación de la diva desnuda y sosteniendo entre sus manos a una serpiente; paredes recubiertas de espejos que van del techo al suelo; sillas doradas y mesas ratoneras de mármol en las que hace muchos años ya nadie apoya elaborados cócteles. También hay un piano de cola que ya nadie toca.

A la edad misteriosa que tenga, 86 según su biografía; 85 de acuerdo con algún amigo, todos los años del mundo, según ella misma, Irma Serrano no quiere hablar de la muerte, y mantiene el sueño y la esperanza de que el teatro Fru-Fru, con sus cortinas rojas, sus mesas de mármol y sus muros dorados, el color preferido de la diva chiapaneca, regrese a la gloria de antes.

Y que lo haga con la misma obra que a ella la catapultó: «El ascenso al cielo de Lucrecia Borgia». Con otra actriz, necesariamente, pero ninguna como ella, promete. «Pienso seguir dándoles lata por un gran momento. No pienso morirme. Estoy vivita y coleando. No quiero pensar en que me voy a ir algún día, ¿para qué?», dice.

En su encuentro con la prensa, el domingo, Irma Serrano no le interesó hablar de política ni de izquierda ni de la Cuarta Transformación, sólo volvió a ser «La Tigresa».

 

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