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La resistencia zapatista que inspira juventudes

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El Universal

Hace justo tres años, un pequeño grupo zapatista de avanzada llamado Escuadrón 421, constituido por cuatro mujeres, dos hombres y “unoa otroa” de sangre maya, tomó el barco bautizado como La Montaña para llegar a Europa y comenzar lo que se llamó La travesía de la vida.

Aquello fue la antesala a la llegada de decenas de miembros del EZLN. Un grupo que tenía el objetivo de abrazar luchas en torno a temas como la naturaleza y el daño que le produce el hombre.

Entonces, Valentina Leduc, acompañada de Juan Carlos Rulfo, comenzó a seguirlos con cámara, capturando la resistencia en sitios donde la tierra ha sido golpeada y cuyos pobladores se han enfrentado a las autoridades.

Así se gestó Los sueños que compartimos, un largometraje documental ahora en posproducción, que mostrará, por ejemplo, la defensa de un bosque alemán, en donde jóvenes construyeron casas en las copas de los árboles para evitar la devastación.

También seguirá cómo las brigadas en Galicia, España, quitan eucaliptos por tratarse de árboles no nativos que han incrementado los incendios.

Y, además, la lucha que se desarrolló en Puebla, México, contra una empresa embotelladora de agua que la sustraía.

“Las diferentes resistencias en estos tres territorios del mundo, de alguna manera, enfrentan una problemática común que es el desarrollo, la industria extractivista, el despojo de la tierra y la destrucción del planeta”, detalla Leduc, directora del largometraje.

“Lo que pasa es que para estos lugares en Europa, los zapatistas son inspiración, leen sobre su lucha y por eso los recibieron en varios lugares”, agrega.

Los sueños que compartimos es la ópera prima de Leduc, quien se había desempeñado principalmente en el rubro de la edición, en filmes como Las oscuras primaveras y Plaza de la Soledad, además de los trabajos de Rulfo (En el hoyo y Los que se quedan), ahora su compañero en la fotografía.

“Todo el mundo tiene una lucha por la defensa del territorio, cualquiera que sea este, en un momento en que hay destrucción del medio ambiente, entendiéndose éste no sólo como lo verde (la naturaleza), sino el espacio en el que el humano vive”, destaca Rulfo.

La historia mexicana es la de los pueblos cholultecas en contra de la empresa Bonafont, quienes cerraron la empresa que estaba fuera de la ley y que estaba extrayendo un millón 600 mil litros de agua, lo cual iba secando a la región.

“Estuvimos con ellos tres meses, acampando. No era sólo el cambio climático, sino la mano del hombre la que estaba afectando todo, y decidieron tomar las instalaciones. Lograron que el pozo fuera cancelado y regresado a las comunidades”, recuerda Rulfo.

En resistencia

A diferencia de la lucha poblana, donde los defensores son gente mayor, destaca Leduc, en Alemania son de entre 16 y 25 años. Ellos se resisten a la destrucción de un bosque para dejar lugar a una mina de carbón a cielo abierto.

Los jóvenes construyen casas en las copas de los árboles (generalmente hayas), a más de 30 metros de altura y que son vinculadas con puentes, a fin de que no sean tirados por las autoridades.

“Ponen el cuerpo, preocupados por el mundo que se les va a dejar”, detalla Leduc, quien junto con Rulfo estuvo en enero pasado en ese territorio, donde finalmente hubo un fuerte desalojo.

“La tercera historia son las brigadas que quitan eucaliptos, árboles que con Franco (Francisco, dictador español 1936-1975) se sembraron mucho, pero que en comunidades provocan incendios porque no son de ahí y del clima. Han logrado reforestar con árboles como castañas y robles, que son húmedos y con ello la tierra recupera su fertilidad”, cuenta.

En los tres casos, añade Leduc, la idea es que hay esperanza para cambiar las cosas, en un momento en el que el cambio climático, las grandes sequías o las campañas de siembra de un árbol, sin verificar los adecuados por región, son tema. “No todos logran ser caso de éxito, se gana o se pierde, pero siempre hay que luchar”, expresa la realizadora.

Salamandra Producciones, de Bertha Navarro (El laberinto del fauno) y Alejandro Springall (Santitos), es la compañía productora, contando con los beneficios del Eficine.

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