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Jesús María, el pueblo que vive con el estigma y el trauma de la detención de Ovidio Guzmán

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Pie de Página

SINALOA. – Jesús María es un pueblo al norte de Culiacán, un territorio con más de 5 mil habitantes. Un lugar que ahora es conocido mundialmente, no por la pesca deportiva en la presa Varejonal o por los agaves que se han estado sembrando en los últimos cinco años para producir algún tipo de mezcal. De este pueblo se sabe por el estigma y el trauma que dejó el narco.

“Estoy tratando de cambiarle la cara al pueblo”, dice Carlos León, síndico de Jesús María y músico vocalista de la banda El Toro León y sus Chavalos.

En Jesús María ocurrió uno de los eventos canónicos en la historia reciente de Sinaloa: el 5 de enero de 2023 se detuvo a Ovidio Guzmán López, hijo del criminal Joaquín Guzmán Loera ‘El Chapo’ en un operativo durante la madrugada que se extendió con balaceras y asesinatos por el resto del día. A ese evento se le ha llamado “Culiacanazo 2.0”.

Mientras Guzmán López era detenido por cargos de narcotráfico en Estados Unidos, por lo menos 30 personas murieron entre las refriegas de un ataque violento en el que se usaron tanquetas de guerra, helicópteros y, según los testimonios de los pobladores, hasta una avioneta que disparaba a su paso.

Guzmán López tiene su casa en una loma, apenas a la entrada del pueblo, debajo del tinaco de agua que surte a los habitantes. Alrededor de ésta, las casas habían quedado llenas de hoyos y rastros de sangre de soldados y civiles. En quienes las habitan queda aún el recuerdo de cuando escucharon por horas las detonaciones y luego vieron cuerpos tirados en el piso.

Esos testimonios quedaron solamente en la memoria de quienes viven en Jesús María, porque no se pudo transmitir o compartir información. El Ejército y la Guardia Nacional prepararon un operativo que incluyó el corte de energía eléctrica y red telefónica para evitar cualquier filtración de información, eso afectó a más de 5 mil personas que habitan Jesús María.

De ese operativo muchas personas aún hablan de lo que pasó en la ciudad de Culiacán, donde hubo hombres armados sitiando algunas de las principales avenidas con vehículos incendiados en puntos estratégicos. Usaron por lo menos 400 de los más de 500 carros con reporte de robo a civiles que salieron a muy temprana hora de sus casas pensando que podían hacer sus actividades normalmente.

Los bloqueos fueron en toda la ciudad en un intento de liberación de Guzmán López, como el 17 de octubre de 2019 pasó.

Aquella vez la ciudad se paralizó con una fuerza armamentista superior a la del Ejército, la Guardia Nacional y la policía que se encontraban en la capital de Sinaloa la tarde de ese 17 de octubre.

Esta ocasión fue distinto, se comenzó desde la madrugada con el operativo en un pueblo al norte de Culiacán, pero eso no importó. Hubo hombres armados por doquier, despojando vehículos por todas partes.

Fueron quemas con coraje, en venganza de que ahora sí se detuvo al hijo de Guzmán Loera en una de las maneras más vulnerables: mientras dormía en el rancho donde nació y creció.

Todo en la ciudad de Culiacán se reactivó hasta el día siguiente, pero en Jesús María no. Al siguiente día ya había un pueblo hecho pedazos en lo emocional. Hubo mujeres y hombres que vieron morir a sus hijos, familias que perdieron sus bienes usados como barreras y trincheras por los criminales y el Ejército.

“Nosotros nunca los vimos allá y todo estaba en paz, estábamos tranquilos, sin problemas, solo fueron cuando necesitaron el voto y alguna que otra vez, pero nada más. solo pedimos que se vayan”, dice Mayra, una pobladora que dio su testimonio el 7 de enero del 2023.

Esta mujer se trasladó a Culiacán desde Jesús María en un camión que rentaron vecinos del pueblo para manifestarse contra el Ejército y la Guardia Nacional.

Denunciaron que las fuerzas armadas usaron las casas como barreras y barricadas, sacaron a los habitantes de sus hogares y algunos, incluso, habrían sido agredidos.

Los pobladores de Jesús María hablaron de que por lo menos 150 personas fueron desaparecidas durante el operativo, también de que entre los que murieron había un niño víctima del fuego cruzado mientras trataba de resguardarse.

“Se metieron a nuestras casas, nos tenían escondidos, debajo de las camas y se robaron cosas”, aseguró Carmen, una mujer de 50 años que viajó hacia Culiacán señalando que tiene tres hijos adolescentes y jóvenes que vieron cómo sus amigos morían.

Las protestas duraron apenas un par de semanas, luego los habitantes de Jesús María prefirieron volver y mantener sus actividades en silencio.

“Este es un pueblo tranquilo. La gente es calmada. Si ves, no hay mucho qué hacer, entonces hay que trabajar para poder tener dinero”, dijo el síndico Carlos León.

Hace un año, tras ese evento, el gobierno de Sinaloa prometió que enviaría brigadas de salud para atender psicológica y socialmente a las personas del pueblo. Fue un compromiso que duró apenas tres meses.

Los únicos funcionarios que siguen yendo a Jesús María son del DIF municipal, llevando actividades de integración en la primaria y secundaria del pueblo. Nada fuera de lo común y ordinario.

“Al principio fue SIPINNA a hacer un levantamiento, pero terminaron y ya no volvieron a ir”, contó Édgar, director de la secundaria de Jesús María.

En Jesús María las cosas tuvieron que componerse solas, de mano de quienes habitan este pueblo que solamente se puede dedicar a cuatro cosas: la pesca, la agricultura de temporal, el comercio local y la construcción.

Las casas, salvo la de Ovidio Guzmán López, fueron reparadas, las calles ya no tienen personas tiradas ni tampoco están manchadas de sangre.

Pero que sucediera no fue de la noche a la mañana. El síndico Carlos León contó que un mes y medio después del “Culiacanazo” organizó un baile con su banda.

“Le dije a la gente que no se podía quedar en sus casas, que si algo debían a los que agarraron, que ellos lo pagaran y ya”, dijo el síndico, quien el 5 de enero de 2023 tuvo que pasar los hechos violentos desde su casa en la ciudad de Culiacán, escuchando la voz de su padre que le narraba de las balaceras que podía escuchar él mismo por la bocina del teléfono hasta que se cortó la llamada por la falta de señal y energía.

León se propuso hacer algo distinto y en marzo del 2023 fue elegido síndico de Jesús María. Este hombre que canta música de banda y corridos dedica sus mañanas a pensar como un gerente de pueblo. Moviliza al personal de limpieza y organiza eventos con las escuelas.

“El 20 de noviembre hicimos el desfile (por la Revolución Mexicana) y fueron más de 2 mil personas”, dijo mientras enseñaba videos del desfile, con decenas de niños y niñas caminando por las calles del pueblo.

“Estoy haciendo un proyecto para llevárselo al gobernador, un bulevar para que la gente ponga puestos de comida, que venga la gente y vea que Jesús María no es nada más lo que dicen los corridos o lo que pasó hace un año”.

León dijo creer -en repetidas ocasiones- que se necesita que los pobladores salgan de sus casas y hagan actividades que les permitan pensar en otras cosas que no sea el narco y menos en el día que detuvieron a Ovidio Guzmán López.

Y para dejar clara esa necesidad, León contó una última historia:

“Apenas el 17 de diciembre íbamos a hacer una fiesta, una posada para los niños, para el pueblo. Íbamos a hacer un baile, pero ese día pasaron más de 20 camionetas de soldados y luego otras cinco. La gente se amiedó (llenó de miedo) y no salió. Tuvimos que cancelar todo”.

Un año después, todo sigue vivo como cuando detuvieron a Ovidio Guzmán López. La gente en Jesús María ya sale de sus casas, pero cree que un día llegarán los militares y volverán a disparar para matar a sus familiares.

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