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Increíble historia de un asesinato en Zinacantán

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Yolanda Rodríguez

San Cristóbal de Las Casas.- Una historia como la de las novelas policiacas en la que se tiene que investigar quién mató al parroquiano es la que se vive en la comunidad de Navenchauc, municipio de Zinacantán, ubicado a unos 15 kilómetros antes de llegar a la ciudad de San Cristóbal de Las Casas.

Primero, un grupo de personas localiza sin vida a un familiar. Como no saben quién lo mató o cómo es que tiene un impacto de bala, trasladan el cuerpo hasta el domicilio del amigo con el que estuvo bebiendo durante dos días.

En el video se visualiza y escucha como las familias (del muerto y del compañero de parranda) hablan en su lengua nativa, mientras el que graba enfoca el lente hacia el cuerpo sin vida, el cual se encuentra tapado con una sábana, y frente a éste, a su amigo –amarrado de pies y manos–, con el que estuvo “echando trago”, quien todavía muestra los estragos del alcohol que corre por su sangre.

A esta persona, quien porta botas, pantalón de mezclilla y una blusa tradicional de Zinacantán, se le acusa de ser el responsable de la muerte de su compañero, del que, por propia voz, reconoce que son vecinos, pues viven cerquita.

El video inicia con una conversación en lengua original. Todos hablan al mismo tiempo, y no parece que se pongan de acuerdo. La romería de voces calla cuando el presunto inculpado alcanza a decir en castellano: “me invitó un traguito y me trajo a mi casa”.

La familia del fallecido, del que no dio sus generales, pedía 120 mil pesos como indemnización o se llevaban a la cárcel al acompañante como presunto responsable del asesinato.

Lo encontraron el sábado por la noche

Uno de los familiares, dio a conocer a Sinfuero que fue alrededor de las 8 de la noche del pasado sábado, cuando fue encontrado el cuerpo sin vida de una persona del sexo masculino a un costado de la iglesia de la Virgen de Guadalupe en la comunidad de Navenchauc, municipio de Zinacantán, quien presentaba un impacto de bala. Según que tomaron durante dos días y ambos habían ingerido bebidas embriagantes hasta “perder la razón”.

Lo cierto es que las autoridades de Zinacantán desconocían el hecho. Se presume que el arreglo económico se concretó entre familiares, por usos y costumbres de los pueblos indígenas.

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