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“Del otro lado, en México, todo es corrupción”: Nica

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Pie de Página

Nica es probablemente el único balsero migrante: nicaragüense en territorio maya que cada día lleva de un lado al otro del río entre México y Guatemala, mercancías, migrantes, turistas…

CIUDAD TECÚN UMÁN, Guatemala.– La frontera entre México y Guatemala es el sitio donde a la luz del día y a los ojos de las autoridades mexicanas, se realizan incontables trayectos. Por el río Suchiate se cruza de todo pero también se paga por todo.

“Del otro lado, en México, todo es corrupción” afirma Nica, uno de los pocos, sino es que el único balsero migrante que labora desde hace 13 años en el río Suchiate.

El nicaragüense decidió salir de aquel puerto que se conoce como la “entrada y salida del mundo”: Corinto Nicaragua. Lo hizo el 13 de noviembre de 1995 debido a la pobreza; tomó una mochila con ropa y salió. “Donde nosotros vivimos es pobrecita la gente, ni luz había”, comenta.

A los siete meses de haber llegado a Guatemala mandó a traer a su familia pero la madre de sus hijos se fue, dejando a sus pequeños abandonados. El hombre de 50 años lleva viviendo en este país fronterizo la mitad de su vida. Dejó en su país de origen dos “cipotes” (niños) pequeños que ahora son adultos y con los que conversa casi diario, según cuenta al mostrar orgulloso desde su celular, las fotos de un joven apuesto de 27 años y una hermosa joven de 25.

A Nica nunca le interesó ir en busca del “sueño americano” como a la mayoría de sus compatriotas. Tampoco le interesa vivir del otro lado del río, México, porque es más caro. Por 600 quetzales al mes, lo que equivale a mil quinientos pesos mexicanos, alquila una casa en Guatemala; en México, el mismo espacio tendría un costo de 4 mil pesos. “Aquí vivo bien”, dice mientras fuma un cigarro.

Trabajar cuesta
El monopolio de las balsas y de los triciclos es operado en su mayoría por guatemaltecos; este balsero afirma que no hay dueños mexicanos pero es en este país donde se compran las cámaras para la construcción de estas naves acuáticas. Una balsa tiene un valor aproximado de 5 mil pesos.

Nica paga al propietario de una balsa 250 quetzales, lo equivalente a 640 pesos mexicanos, para poder trabajar turnos de 24 horas. Dentro de este horario, el balsero contrata a “uno o dos ayudantes de turno” quienes por una paga de 120 quetzales (300 pesos) ayudan al trabajador migrante a sacar el turno. Para el nicaragüense quedan 180 quetzales, casi 500 pesos y al poner ayudante, puede ir a descansar.

Nica consiguió emplearse como balsero, gracias a que vive con una mujer guatemalteca; con ella formó una nueva familia y procreó dos “guiras” (hijas) más. A las 11:30 de la noche sale de su casa con una hamaca para instalarse a orillas del río, donde espera su turno para comenzar los viajes de un país a otro.

Los tricicleros son quienes vigilan. “Ellos no nos dejan salir con gente”, el hombre de los ojos color miel dice que está prohibido que los trabajadores salgan caminando con personas hacia el parque de Tecún Umán. Un viaje por 5 cuadras a bordo de estos peculiares vehículos tiene un costo de 100 pesos mexicanos, recurso que pierden los tricicleros si permiten que los balseros lleven caminando a algún turista hacia el centro de esta zona fronteriza.

Todo tiene un precio
“Lo más feo que ha visto aquí es la corrupción y la discriminación, vos no se vaya a ofender, pero los mexicanos son una mierda con el centroamericano”.

Nica dice que si los migrantes dan dinero a las autoridades mexicanas pueden estar bien.

En México, conseguir la visa de residencia temporal tiene un costo de 17 mil pesos; y la INE, unos 25 mil. Los migrantes llegan prácticamente sin dinero a México. En la estación migratoria Siglo XXI de Tapachula Chiapas los retienen durante tres días, si llevan dinero, pagan 500 0 mil pesos para salir; si no ahí los dejan. A los cubanos les piden más dinero, cuenta. ¿Quién pide el dinero? Los de migración, los militares, la marina, todos, indica, mientras hojea Nuestro Diario, el único periódico que se vende en este paso fronterizo.

El viaje completo por 5 personas es de 50 quetzales, 10 por cada tripulante, lo que equivale a casi 30 pesos mexicanos.

Se cobra más si se transportan migrantes, alcohol, motocicletas, etc. Los balseros deben pagar a las autoridades mexicanas cada que pasan a alguien o algo ilegal. Durante la pandemia disminuyó el tráfico de migrantes y el comercio pero se va restableciendo poco a poco con el cambio de semáforo.

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