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Miradas «Hay una rabia colectiva muy potente en este país»: Luciana Kaplan

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El documental La Vocera, dirigido por Luciana Kaplan, pone sobre la mesa los problemas de los pueblos y  comunidades indígenas a través de los ojos de María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy. La película se estrena este 23 de noviembre en el festival de cine de Guadalajara


Texto: Daliri Oropeza  Fotos: Cortesía La Vocera


Pie de Página

Luciana Kaplan recorrió el país con la vocera del Congreso Nacional Indígena, María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy. Junto con su equipo, buscó ser un puente con quienes desconocen el movimiento indígena y tomó la tarea de observar y escuchar el caminar de una mujer nahua elegida por los pueblos para ser su vocera en una campaña presidencial.

Cuando Kaplan terminó su premiado documental Rush Hour, ya tenía tocando a la puerta a la productora Carolina Coppel, con la propuesta de  realizar este trabajo cinematográfico en acuerdo con el CNI

¿Qué implica la campaña de Marichuy para obtener una candidatura independiente en las elecciones del 2018  y cómo se va construyendo este viaje? Luciana encontró el modo de poner sobre la mesa los problemas de los pueblos, comunidades y barrios que participan en el CNI. Viajó entre carreteras, brechas, montes con su equipo, para mostrar la realidad de los pueblos indígenas que luchan por la libre determinación.

Marichuy tejió encuentros, asegura Kaplan en entrevista con Pie de Página. Abrió muchas puertas, presenciando los problemas a ras de suelo, sumando otros pueblos indígenas, alejados, enclavados en las montañas, a la búsqueda de una alternativa al capitalismo neoliberal.

Después de este recorrido, y de tres años continuos de trabajo, la directora del documental afirma: «hay una rabia colectiva muy potente en este país».

«Al llegar a tantas comunidades vimos, por un lado el entusiasmo; por otro, el enorme enojo de la gente, por el despojo”, dice Luciana.

La Vocera se estrena en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara el 23 de noviembre del 2020.

A Kaplan le tocó retratar a “una líder que no quiere ser líder”, lo cual fue un reto para la narración del documental, pero justo eso posibilitó el proceso de escucha de las comunidades para la candidatura independiente.

El equipo documental viajó desde Yucatán hasta Sonora, pasando por los Caracoles Zapatistas y por los más de 24 estados que visitó Marichuy. El documental, dice ahora, tiene el espíritu de resonar y desmentir el que la vida comunitaria no es sustentable.

Después de revisar todo el material y terminar la edición de la cinta, Kaplan resalta el momento en que graban adentro del Penal donde se encuentra el preso político Fidencio Aldama quien se opuso al gasoducto en Loma de Bácum, territorio Yaqui. Para ella este momento es iluminador, “estar ahí adentro y realmente entender la situación, verlos a ellos dialogar, sentir en carne propia. Aunque es una parte pues muy chiquita de toda esta historia”.

En una búsqueda por utopías, Luciana evoca en entrevista a los zapatistas, “otro mundo es posible, como dice el EZLN,  yo sí creo que otro mundo es posible”. Esta es una plática sobre el documental La Vocera.

Las pistas de Marichuy

—¿Cómo llegaste al tema de Marichuy?

—Realicé un documental sobre Eufrosina Cruz, una mujer zapoteca que fue diputada en Oaxaca por el PAN. Entonces me metí en todo este mundo indígena, empecé a entender o tratar de entender qué pasa realmente en las comunidades. Fue mi entrada a entender ¿Qué son los usos y costumbres?

Y después de terminar Rush Hour, un documental con una búsqueda por entender por qué escogemos esta vida como moderna en grandes ciudades, más personal y más filosófica ¿Por qué vivimos de la manera en que vivimos? ¿Qué estamos dejando a un lado? Un día llegó Carolina Coppel y me dice: ‘oye pues van a lanzar una candidata indígena; hay que hacer una película’. Yo estaba agotada pero sus preguntas me hicieron reflexionar y me dije, hay que hacerlo porque nadie más lo va hacer. Fue un llamado.

La curiosidad de decir aquí hay algo que es muy importante y que va ser un viaje de descubrimiento y de entendimiento. Seguramente hay una historia muy interesante que hay que contar.

Estaba muy agotada mentalmente y decía: no voy a poder eso. Pero me convenció. Siempre le digo a Carolina que no me dejó huir.

En primer lugar, fuimos a pedir permiso con el CNI, con el CIG que se acababa de conformar. ¿Podemos hacer un documental? ¿Podemos a tener acceso? ¿Cual es la posibilidad de hacer esta película? Porque una cosa es que nosotras quisiéramos hacerla y otra que los pueblos estuvieran de acuerdo, en consenso.

Entonces ellos aceptaron. Sabíamos que nos iba a costar, que iba a ser un proceso realmente complejo de entrar más allá de una campaña, desde Marichuy, a su casa ¿Quién es ella? ¿Quién es el Consejo Nacional Indígena? ¿Que historias hay alrededor de eso? ¿Qué está pasando en las comunidades indígenas? ¿Qué pasa con el territorio? Es como una cebolla.

Y fuimos a Chiapas a documentar, ahí ni siquiera sabíamos todavía que iba a ser Marichuy porque la eligieron después de lanzar la propuesta de postular una mujer indígena a la presidencia. No se supo hasta el día en que tomó protesta.  Armamos toda una producción. Alebrije se sumó al llamado de Carolina, es una compañía que en general hace ficción y películas, no ha hecho muchos documentales, y pues nos arroparon porque no teníamos un peso para filmar nada. Luego se sumaron Sundance y Just films con apoyo.

Viajamos en mayo de 2017 y grabamos por primera vez pues cuando Marichuy tomó protesta, una sorpresa bastante esperada pero fue, un momento bien emocionante. Y ahí empezó el proyecto.

Desde ese momento tratamos de descubrir cómo contar esta historia que era muy complicada. Había varias líneas narrativas. Yo tenía muy claro que quería contar la historia de la campaña de Marichuy pero no solamente eso, quería contar por qué estaba luchado, o sea, qué estaba pasando en las comunidades, en el país, con el territorio; qué implicaba la defensa del territorio, la búsqueda de la autonomía. Cómo tratar de entender lo que nos dicen, que no es tan evidente, ni tan claro.  A través de la campaña y de acercarnos cada vez más empezamos a entender, filmaba y entendía: ya sé por lo que está luchando.

Es muy importante para nosotras que las comunidades vean la película y se sientan reflejadas en ella.

—¿Cuáles fueron las razones o los motivos con los cuales solicitaron al CNI hacer el documental?

—En ese momento sentimos que iba a empezar un proceso que es único en el país en el cual una mujer tiene la posibilidad de ser la voz de quienes defienden la libre determinación, el territorio y la vida de los pueblos indígenas y abrir una grieta en el sistema electoral para colocar su mensaje.

El hecho de que sea mujer para nosotros era fundamental. No sólo que viniera de los zapatistas y del Congreso Nacional Indígena, sino por primera vez en la historia de este país ver a una mujer, una mujer indígena presenta un plan muy diferente a todos los partidos políticos.

Pasara lo que pasara ese hecho en sí ya era digno de retratarse. ¿Y que queríamos hacer nosotros? Retratarla. Yo la verdad es que si les decía: “para mí, yo ya no tengo ilusiones de nadie, en ningún partido político, en ningún sistema económico, yo necesito una utopía, algo en qué creer, yo necesito tener algo en qué creer, y lo más cercano son ustedes” y lo sigo diciendo, sí hay algo en que creo son ellos y cada vez más.

Por decir como dicen los zapatistas: “otro mundo es posible”  yo sí creo que otro mundo es posible y todo lo que veo a mi alrededor no me convence ninguna propuesta. Entonces yo quiero acercarme a lo que a mí me motiva, a lo que a mí me resuena. En ese momento menos claro, porque  no lo entendía también, pero sí había un llamado de decir aquí hay algo por lo que yo vibro. Que tiene que ver pues de donde yo vengo, yo vengo de una familia muy politizada, muy de izquierda que de alguna manera también buscaba una, pues una utopía, y se nos cayó a todos.

El hilo conductor de La Vocera

—¿La propuesta de Marichuy era distinta a la de la política en general mexicana?

—Es totalmente distinta. Una mujer que es vocera de un concejo indígena que es la representación de los pueblos, y que lo que buscan no es el poder sino la organización y la libre determinación por los modos propios de los pueblos, barrios, naciones. Yo creo que ni siquiera es tan entendible para muchas personas.

Lo que sabemos es que tiene que venir desde el pueblo y desde abajo, y que el pueblo es el que tiene que decidir cómo hay que gobernar, y creo que eso es totalmente distinto a cualquier político ¿No? que ya viene con una agenda y es el mismo sistema, todos los partidos políticos vienen finalmente del mismo sistema. El sistema capitalista, aunque se digan de izquierda, es un sistema de Estado en el cual ya hay una organización que está dada y que nadie la va a cambiar.

Marichuy y el formado Concejo Indígena de Gobierno planteaban es de que hay que darle la vuelta a esto, ya no nos vamos a gobernar de la misma manera, ni siquiera vamos a ser un partido político, es una manera como colectiva de gobernar, cosa que obviamente no tiene que ver con los partidos, no soy yo hay un colectivo y vamos a preguntarle a la gente cómo hay que gobernar.

¿Cómo nos vamos a organizar? Ni siquiera cómo hay que gobernar, ¿Cómo nos vamos a organizar para que el mundo siga existiendo? Pues ahí hay una semilla de algo que es mucho más interesante, aunque te pregunten ¿Cómo le van hacer? A mí me lo han preguntado ¿y cómo le van hacer? No sé cómo le van hacer, pero yo creo que el averiguarlo, el caminar y averiguarlo hay algo que ya es interesante, porque así como eran las cosas, así cómo se ha… en las organizaciones políticas, en general, yo creo que hay una crisis tremenda.

Entonces esa posibilidad de repensar el mundo de otra manera, se debe repensar todo de otra manera, pues me parece una propuesta mucho más interesante a cualquier otra.

—¿Cuál fue el objetivo narrativo para el documental de La Vocera?

—Quería ver un poco de este caminar y este viaje que implicó buscar la candidatura independiente y cómo se fue generando. Sobre todo poner en la mesa todas los problemas del Congreso Nacional Indígena, por los cuales sus exigencias de justicia. Ella de alguna manera va tejiendo estos encuentros con las diferentes comunidades y va abriendo puertas.

Entonces dentro de esta carretera central empiezan a salir unos caminos aledaños en el cual aparecen otras comunidades, otros personajes que nos hablan de las luchas. Muy diversas. Así tuvimos que elegir mostrarlas para que no fuera solo discurso. Ver por qué está luchando la gente, por qué está pasando esta historia, cómo la de Fidencio Aldama preso político Yaqui por defender sus tierras de un gasoducto y lo que vive su compañera Carmen. O los mayas que luchan de otra manera contra las granjas de puercos, o los wixaricas que recuperan sus tierras. Tienen otra manera pues de organizarse. Para mí siempre fue como una estructura de que hay que sentir por qué ellos están, ¿cuál es su visión?

¿Cómo escogemos las historias? Tienen que ser casos que estén como en proceso, que sean visibles, no cosas que a la mejor ya pasaron o siguen, están paradas, o una vez más invitan como al discurso y no a la imagen, y no a la acción. Yo creo que al fin es eso, es acción. Son conflictos con personajes con los cuales el espectador puede conectarse pues emocionalmente.

Si uno ve lo que le pasa a la gente y de alguna manera dice: ‘mira esta señora tiene hijos igual que yo, yo podría estar en una situación así’ y que finalmente todos estamos defendiendo el territorio.

Dimos muchísimas vueltas para tratar de contar algo que tejiera un puente entre la gente que no sabe siquiera quién es Marichuy, ni sabe cómo viven las comunidades indígenas, ni lo que está pasando en el país, y que lo pudieran entender de una manera más vivencial.

—¿Cómo mostrar sin reinterpretar?

Hay que ser lo más respetuoso que se pueda, hay que tratar, más bien dar la palabra y no empezar a sacar conclusiones desde el lugar donde uno está, que sí bien es empático pues es muy distinto.

Hay gente que no pertenece a una comunidad, a un grupo va a tratar de… pues de representar quiénes son ellos, que es una pregunta bastante vigente pero al mismo tiempo es como tratar de mostrar la condición humana per se. Más allá nada más de los grupos indígenas, o no de los grupos indígenas, todos estamos tratando de buscar maneras distintas de ver este mundo, y la realidad es que el mundo está en un estado de crisis y de destrucción ambiental, social, político, filosófico.

Todos necesitamos escuchar cosas frescas y nuevas que nos inspiren. La película tiene este espíritu de decir: “espero que algo de lo que se diga aquí, sí le pueda como resonar a todos de maneras distintas”, también compartir la comprensión de que la idea de progreso que nos han vendido desde siempre, ¿el progreso qué es? pues crecer, crecer siempre, hay que ser más grandes, hay que generar más infraestructura. Entonces, bueno, el progreso pero ¿para quién? Y ¿a costa de quién? ¿y por qué hay que crecer? Más bien hay que regresar un poco hacia lo comunal, a la comunidad, a lo local.

Este entendimiento de decir: nos han vendido una historia que realmente no es sustentable. Es posible pero está en contra de todos.

¿Quién es Marichuy?

— ¿Qué escena te dejó marcada?

—Pues creo que de las cosas más fuertes, la verdad, fue entrar a la cárcel con Fidencio Aldama. Yo estuve buscando durante muchos meses entrar a ver a Fidencio porque de alguna manera pues habíamos escuchado la parte de Carmen.  Pero yo creo que es muy distinto escuchar algo y ver, y estar dentro de una cárcel con alguien que uno está seguro que no es culpable, pero de verdad era Fidencio, verle la sonrisa a Fidencio, hablar con él si fue como muy, pues muy iluminador, la verdad estar ahí adentro y de realmente entender la situación, verlos a ellos dialogar, sentir un poco en carne propia. Aunque es una parte pues muy chiquita de toda esta historia.

También ver la increíble reacción de los estudiantes de la UNAM cuando Marichuy visitó Ciudad Universitaria. Todo ese entusiasmo y toda esa fuerza que había que realmente, era como si hubieran llegado los Rolling Stones. Era muy impresionante la energía que había en ese lugar y cada vez que vuelvo a ver esas escenas, la verdad es que me mueve muchísimo.

Simbólicamente es muy fuerte porque es la universidad más grande de Latinoamérica donde ves a un espacio totalmente abarrotado de gente que necesita creer y que está de acuerdo con lo que ellos están planteando.

Y bueno obviamente nos pasaron muchas aventuras: nos persiguieron, casi nos linchan, viajamos por todo el país.

Vimos la rabia colectiva; eso es muy importante.

El enorme enojo de la gente por lo que está pasando, el despojo de tierras, de identidades indígenas, de salud, trabajo, les están quitando todo. Por eso lo están defendiendo y las palabras se repiten de una comunidad a otra: ‘estamos hartos de esto, estamos hartos de que nos quiten el agua, de que nos quiten la tierra, y que nos metan a la cárcel’. Hay una rabia colectiva muy potente en este país y está presente no importa quién esté en el poder.

Entonces creo que visibilizar pues esta situación, de manera tan cercana y tan repetida, y tan diferente al mismo tiempo porque no importa si estás en Puebla o si estás en Loma de Bacum o si estás en un pueblo en Yucatán, la gente sigue teniendo la misma situación y por eso también veían en Marichuy definitivamente una manera de generar un cambio pero radical.

—¿Quién es Marichuy?

—Yo te diría que Marichuy es una maestra zen. Es algo que yo descubrí el último día que filmé con ella y me pareció realmente increíble. Descubrí una mujer después de estarla filmando casi dos años; de una templanza, de una sabiduría y de una falta de necesidad de mostrar quién es y de la fuerza que tiene, y de realmente comprometerse con un cambio que yo he visto en muy poca gente. Es lo más cercano a una maestra zen que he visto.

Dos años después de todo lo que habíamos vivido, volvimos a su casa y estuvimos con ella, y ya no había como toda esta presión, obviamente había una presión muy fuerte de… no es sobre mí, es sobre todo eso, no se acerque tanto a mí, que no es sólo sobre mí, pero al final ya había… siento que la barrera, finalmente, pues se cayó un poco, y yo descubrí a una mujer que no había visto, de verdad, una mujer que anda en bicicleta por todos lados, que nunca pierde la paciencia, que nunca habla mal de nadie, por más que diga… nunca habla mal de la gente con la que trabaja.

Me pareció realmente un descubrimiento total de alguien que está muy bien parada en quien es. No necesita demostrar nada, no nos quiso demostrar que ella era, había hecho…no, simplemente su sola presencia… hay gente que con su sola presencia te das cuenta que tiene una fuerza que no necesitas pues ni siquiera hablar de ello. Ella sigue hablando del colectivo, sigue hablando de la medicina tradicional y de las cosas que ha hecho y que curan pero no como alardeando de eso, pero me parece que más allá del Congreso Nacional Indígena y Congreso Indígena de Gobierno, del EZLN y de la campaña realmente yo creo que Marichuy es una mujer muy valiosa. Que tiene esa capacidad como de entregarse al trabajo, de trabajar en equipo, y de no perder nunca la tierra de dénde es, quién es. Nunca vas a ver en la política, y en ningún político, ni de otro partido, ni de otro movimiento, inclusive en algunos movimiento indígenas .

Es como una líder que no quiere ser líder. No porque no quiera ser líder o porque no sepa, sino porque no le interesa. Ella hace su trabajo; tanto la medicina tradicional, como siendo una vocera. Pero el hecho de que no tenga esa intención de querer brillar creo que fue lo que fue lo que hizo que si funcionara.

Espero que sea una película que también pueda dejar ciertas semillas y hacer reflexionar, aunque no entiendas, aunque no sea tu camino, aunque no sea tu orientación política, aunque no tenga que ver con tu vida pero que siembre algunas semillas para por lo menos hacerte un par de preguntas.

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